There is no spoon

Por Jose Luis Romero 27 noviembre 2006 12:58
El viernes 24 de noviembre de 2006 en la noche entré por primera vez a la Matrix. Los encargados de conducirme en esta aventura fueron el Warevamp, Kiofix, Bondarenko, Claw y Michelle. Nos reunimos en la noche del viernes en la cueva del Warevamp, a donde todos llevaron su consola. Siguiendo el clásico ritual tribal, las consolas fueron conectadas una a una a la red, mientras todos musitábamos oraciones a Birján para implorar que no ocurrieran contratiempos. Una vez que la red estuvo integrada, recibi entrenamiento por parte de Claw y Michelle para saber cómo ingresar, luchar dentro de la Matrix y salir con bien del trance. Debo de confesar que mi vocación de Padawan en estos menesteres fué más que evidente. Por fin, procedimos a elegir individualmente los atuendos que nos permitieran identificarnos una vez que ingresáramos a la Matrix. Para maldita la cosa me sirvió elegir un impresionante atuendo color azul, pues Michelle se encargó de que estuviera siempre teñido de color rojo sangre (Michelle, sería buena idea que me permitieras "vivir" unos 20 segundos seguidos antes de que me acribilles sin piedad!). Por cierto, olvidaba comentarles que entre nosotros le llamamos "Halo" a la Matrix, pero el nombre es lo de menos, no creen? El caso es que ingresamos a diversas zonas de la Matrix: recorrimos el "Rio del Castor" (muy padre, debo de reconocer), también un castillito con pantano de-cuyo-nombre-no-puedo-acordarme en el que no se veía absolutamente nada (bueno, si se veía algo: la pantalla se iluminaba de rojo sangre gracias a la amabilidad de Kiofix al darme recurrentemente una generosa dósis de balas), y también otro mapita que yo recorrí con más pena que gloria. Emocionante es recorrer la Matrix de esta forma. Todos saltabamos alegremente disparando a mansalva, y el Claw se deleitaba madrándome hasta mas no poder (este sujeto prefiere la lucha cuerpo a cuerpo, y andaba buscando un punching-bag de color azul, el cual, como pueden el amable lector imaginarse, se trataba de este humilde narrador). Finalmente, hicimos una pausa en nuestro ejercicio para dedicarnos a la pedestre actividad de consumir las provisiones que Bondarenko y el Warevamp habían acarreado a la cueva antes de ingresar a la Matrix. Estas deliciosas tortas tenían un tamaño que nos recordaba a los animales del periodo cretásico: tortas del tamaño de tortugas Galápagos, pero rellenas de una combinación energética formada de lomo canadiense, quesito, cebolla (para espantar a los malos espíritus) y aguacate (para darle sabor, compadre: para darle sabor nomás). Finalmente tuve que salir de la Matrix para regresar a la realidad donde imperan otro tipo de entes malévolos: el "Gober Precioso", un Pejelagarto de tamaño humano, el temible Ulises Ruiz y su contlapache "El Flavio". Gracias Claw, Michelle, Bondarenko, Kiofix y Warevamp (tu espada láser está de peluches, man!): una noche sensacional. Habrá que repetirla pronto.

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